“No hay otra posibilidad de pensar la educación si no es para la vida y durante toda la vida”

Francisco Scarfo punto 4

Foto: Archivo personal

Francisco Scarfó, investigador del Grupo de Estudios sobre Educación en Cárceles (GESEC), defiende que la normativa y la política educativa deben incorporar la noción de educación como un derecho humano, y recuerda que la educación no puede perder de vista los sujetos a quiénes se destina.

 

 

¿Qué obstáculos existen para la realización del derecho a la educación a las personas jóvenes y adultas?

Hay dos variables me parece a mi. Por un lado, lo que el sistema educativo garantiza en lo oficial, que debería en verdad abarcar mucho más y ser mucho más pretencioso en que todo el mundo acceda. Y por otro, aquellos que no acceden y no se mantienen en el sistema educativo.

¿Cuál seria esta visión mucho más amplia de la educación?

La educación nos provee algo que es maravilloso, que es la dignidad, de convertirnos en sujetos dignos, en sujetos de derechos. Y eso no tiene reemplazo de nada. Es lo más valioso que nos puede dar la educación. Justamente en la política pública, en esta última década ha habido una gran fuerza en esto de pensar la educación como derecho. Lo venimos señalando hace ya más de 10 años, que en el sistema penal es donde realmente el reconocimiento de derechos siempre es algo más tardío. Entonces queda un montón de gente que queda afuera y me parece que la concepción de la política publica es en el discurso, en el pensar; ahí es a veces donde más dificultades hay porque no hay presupuesto o la instrumentación de esa política pública se hace desde un lugar donde no se toma en consideración las cuestiones regionales, las cuestiones características de los colectivos que necesitan más.

Tú tienes muchos años trabajando el tema de personas privadas de libertad, y digamos que son personas que constituyen también un público que ha sido discriminado y quizás menos atendido en materia de educación. ¿Qué es lo que falta para hacer cambiar esta realidad?

Hay por lo menos tres variables. La primera es la cuestión normativa: muy pocos Estados tienen incorporado en la normativa tanto en la ley de educación, como en la de ejecución penal, la formulación de la educación como derecho. Segundo: que la política tenga una concepción de derechos también, que no piense en la educación como meramente una cuestión de ocupación del tiempo libre. Sino que justamente sea el ejercicio de un derecho. Y en tercer lugar, pensar la educación para el sujeto que la está recibiendo, y esto implica pensar al sujeto que está privado de la libertad, y pensar también en la cárcel y en una serie de factores que se dan cuando uno piensa que justamente porque está en la cárcel, está como relegado, como por ejemplo derechos que nos den seguridad. Y un derecho que da esa seguridad es el derecho a la educación.

¿Cómo podemos cambiar esta concepción para que la visión sobre personas privadas de la libertad, también se les incluya no solamente como sujetos de derecho, sino también en el ámbito educativo?

Es indudable que hay que hacer un trabajo paralelo en esto de cómo se concibe la cárcel. En primer lugar, si la concebimos a la cárcel como un lugar de depósito de los que se portan mal y nada más y que todo el mundo piense que se pudran en la cárcel, o como un lugar de tránsito en donde la persona purga su castigo mas allá de las consideraciones, es decir, si está bien o mal que sea ese dispositivo la cárcel. Pero es necesario comprender que la cárcel es un dispositivo más social, de control, de disciplinamiento que está en nuestra sociedad y que merece atención nuestra. Saber que cualquiera puede ir a la cárcel, que no necesariamente está dirigida a los pobres, que en verdad es así – a los pobres desocupados que son los que más poblan cárceles –, pero también nadie está ajeno a eso. Y también esto de abrir la cárcel, generar que la sociedad civil vaya a la cárcel. Generar instancias de políticas de apertura de la cárcel, que no vean como monstruos las personas que están encerradas, sino también hay que pensar que es gente que comete errores, por circunstancias de la vida o sociales, que es gente. Y que merece la atención de nuestra como sociedad porque esa gente en algún momento va a salir de la cárcel y va a volver a la sociedad. Entonces nosotros como solidaridad humana, tenemos que estar atentos de lo que pasa ahí, pues esa gente es parte de nuestra sociedad, no más, y está transitoriamente en ese lugar.

¿Cuál sería el rol de la sociedad civil en este sentido?

Como sociedad civil temos que llegar a una exigencia doble. Por un lado, al Estado reclamarle más garantías y más instancias de apertura del derecho que les llega a todos y a todas, particularmente para sujetos que están en situación de vulnerabilidad como es el colectivo de personas privadas de libertad. Y también como sociedad civil dar el paso al acto, ó sea, pasar a involucrarse con el tema de las cárceles. Y a veces se olvida a las personas que están privadas de libertad. Y hay voluntad, digamos, mucha voluntad de querer cambiar, de pensarse en otros proyectos, en otra posibilidad, tanto dentro de la cárcel como fuera de la cárcel; como lo que viene después. Digo, es una cuestión también de dar más visibilidad a las personas que están en la cárcel, a lo que se refiere en educación, a lo que se refiere a espacios formativos, en lo que se refiere al acceso a la cultura.

¿Se puede pensar entonces en la educación para la vida?

Es que no hay otra posibilidad de pensar la educación si no es para la vida y durante toda la vida. No hay otra posibilidad, pensar la educación meramente como un hecho gradual, meramente como un hecho escolar y dejarlo ahí nada más, es condición necesaria pero no suficiente para la transformación de la sociedad. Pensar en la educación durante toda la vida y para toda la vida implica un hecho de sostener un espíritu de transformación permanente y de cambio permanente. Siempre estamos en condición de aprender algo en cualquier momento y en cualquier lugar. Y ese conocimiento nos cambia también o nos permite sentirnos mejor. Nos permite sentirnos más dignos, nos permite reconocer al otro, nos permite mejorar nuestra calidad de vida. Entonces me parece que va por ahí el tema de tomar conciencia, que la educación no es solamente lo escolar, sino que hay otros espacios que también educan, otros espacios que también son necesarios que estén. La sociedad nos educa y también la educación educa a la sociedad.

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