“Cuanto más el sistema se abre a la transferencia de recursos públicos al sistema de educación privada, más aumentan la segmentación y la desigualdad”

Foto: Archivo personal

José Marcelino de Rezende Pinto es un economista y profesor de la Universidad de São Paulo, Brasil. Según argumenta, la educación pública es la única capaz de garantizar la igualdad. Él considera que la educación como un derecho humano implica la elaboración participativa del presupuesto público asignado al sector.

 

¿Cómo se prepara el presupuesto de la educación pública? 

El presupuesto es más a menudo preparado por el Ejecutivo, en general por el sector de planificación, que lo envía al Congreso, éste lo discute, eventualmente presenta enmiendas y lo aprueba antes de fin de año, para entrar en vigor al año siguiente. Pero no es raro que entre en vigor un nuevo año fiscal sin un presupuesto aprobado. Debe quedar claro, sin embargo, que el presupuesto es una ley que solamente autoriza, es decir, para que se haga un gasto determinado debe estar necesariamente en el presupuesto, pero el ejecutivo no está obligado a llevar a cabo todos los gastos operativos e inversiones previstos en la ley del presupuesto.

¿Cómo la sociedad civil puede participar en este proceso?
En principio, se debe llevar a cabo un proceso de presupuesto participativo – que existe desde hace varios años en algunas ciudades de Brasil, por ejemplo. Un proceso mediante el cual, con reuniones plenarias regionales y temáticas, la población puede desarrollar colectivamente el presupuesto. En los lugares donde no existen los presupuestos participativos o en esferas de actividad en las que es más complicado (como en el caso de los Estados y del Presupuesto Federal), mi argumento es que los respectivos consejos en las áreas de derechos humanos pueden discutirlo previamente, proponer las partidas de gastos y tomar una posición al respecto.

¿La cifra del 6% del PIB o el 20% del presupuesto nacional para la educación, el nivel mínimo establecido por la comunidad internacional, es por sí mismo suficiente para garantizar una educación de calidad? ¿Cómo garantizar que la educación tendrá recursos suficientes?

En Brasil acaba de ser aprobada la cifra del 10% del PIB, porque durante décadas el país ha gastado cifras que no alcanzan el 4% del PIB, lo que generó un enorme déficit en términos de asistencia (especialmente en la educación infantil y la educación superior) y en términos de calidad (sobre todo en la educación básica). Y Brasil actualmente gasta por estudiante un tercio de lo que gasta Corea, una cuarta parte de lo que gastan los países europeos y una quinta parte de lo que gastan los EE.UU.. El recurso de origen deben ser los impuestos que deberían gravar a las personas más ricos, pero hoy ocurre lo contrario. Como buena parte de los impuestos inciden sobre los precios de bienes y servicios, los sectores pobres y de clase media baja pagan más que los ricos y la clase media en términos proporcionales, e incluso en términos absolutos (ya que son la mayoría de la población). Mientras tanto, los ricos y la clase media todavía pueden deducir del impuesto sobre la renta el gasto en educación y salud privada, e incluso en empleadas/os domésticas/os. Un país como Brasil, que recauda alrededor del 34% del PIB, tiene como gastar, por un período, el 10% del PIB en educación, hasta que se estabilice al nivel del 6% o 7% de los países ricos. Vale la pena recordar que como estos países tienen un PIB mucho mayor per cápita, el porcentaje de su PIB representa mucho más recursos por estudiante.

Han aparecido con frecuencia en la esfera pública argumentos que apoyan la transferencia de la definición y gestión del presupuesto de la educación pública al sector privado, en la figura de la responsabilidad social corporativa. ¿Cuál es tú posición sobre este tema?

Todos los estudios muestran que cuanto más el sistema se abre a la transferencia de recursos públicos al sistema de educación privada, más aumentan la segmentación y la desigualdad en el sistema educativo, haciéndose más difícil mejorar la calidad de la educación para toda la población. Chile es un ejemplo acabado de este proceso. Gracias a una dictadura y a ciertos economistas de Chicago, ha creado uno de los sistemas de educación básica más privatizados del mundo y también uno de los más desiguales. El camino de Finlandia fue lo contrario: una escuela pública común para todos. Mientras más pobres, las personas ricas y remediadas estudian en una misma escuela pública, menor es el gasto total por alumno/a y es más fácil mejorar la calidad gracias al “efecto de los pares”, es decir, los y las “mejores” estudiantes les ayudan a sus compañeros/as que tienen mayor dificultad.

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